Lo que se pierda en Palestina, lo perderemos todos.
Son palabras de Francesca Albanese, relatora de Naciones Unidas para los Territorios Ocupados Palestinos, quien sigue cumpliendo con su mandato pese a las dificultades puestas por Estados Unidos e Israel. El día 23 de marzo de 2026 presentó en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, su nuevo informe.
Lo hizo tras participar en una conferencia sobre la persecución que sufren por parte de Washington defensores de derechos humanos como ella e integrantes de la Corte Penal Internacional. Antes de presentarlo, dirigiéndose a los Estados de Naciones Unidas, dijo: “Israel representa una amenaza para la paz y la seguridad internacionales. He documentado sus crímenes más atroces. Ahora, la obligación de actuar y detenerlos, salvando vidas inocentes, recae sobre ustedes”.
En el informe denuncia que Israel ha convertido Gaza en un gran campo de tortura donde ningún lugar es seguro: ni hospitales, ni hogares, ni escuelas, ni campamentos de refugiados. Practica torturas sistemáticas contra los palestinos como parte del genocidio, no solo en las cárceles, sino en todos los territorios, a través de desplazamientos forzados, bombardeos, asesinatos masivos, privación y destrucción de todos los medios de vida para causar dolor y sufrimiento colectivo a largo plazo.
La tortura es “integral a la dominación y el castigo infligido a hombres, mujeres y niños. Con ella se está imponiendo un régimen continuo, territorialmente omnipresente, de terror psicológico, diseñado para quebrar cuerpos, privar a un pueblo de su dignidad y obligarlos a abandonar su tierra”.
Alerta del proyecto israelí “de destrucción social contra los palestinos”. El informe destaca que los actos de genocidio han engendrado sufrimiento mental y físico permanente para los palestinos como grupo y pide que se investigue a tres ministros israelíes como responsables de la aplicación de la tortura como política estatal: el ministro de Defensa, Israel Katz, el de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir y el de Finanzas, Bezalel Smotrich.
“Esto no es violencia incidental. Es la arquitectura del colonialismo de asentamiento, construida sobre una base de deshumanización y mantenida por una política de crueldad y tortura colectiva. La tortura y la intención genocida han sido articuladas desde el poder ejecutivo y normalizadas por instituciones y sectores sociales, convirtiéndose en una práctica colectiva”.
Más de 18.500 palestinos han sido arrestados desde octubre de 2023, incluidos al menos 1.500 menores. Actualmente Israel mantiene en prisión a unas 9.245 personas en diversos centros de detención. De ellas, 1.330 tienen una condena, 3.308 están en prisión preventiva y 3.358 se encuentran en detención administrativa, sin cargos ni juicio. Además, más de 4.000 personas son víctimas de desaparición forzada y es probable que muchas hayan muerto.
Fuera de los centros de detención la población palestina también sufre una tortura sistemática, prosigue el informe de la relatora de la ONU. “El desplazamiento masivo, el asedio y el hambre, la violencia de colonos sin control y la humillación constante, todo ello bajo una vigilancia omnipresente, han infligido deliberadamente un sufrimiento colectivo”.
Hay colectivos especialmente perseguidos: activistas, médicos, dirigentes políticos, defensores de derechos humanos y periodistas.
Albanese explica la herramienta de genocidio que busca provocar sufrimiento colectivo a través de un proceso de deshumanización: “Al aniquilar la condición básica de la víctima como ser humano, la tortura funciona como un arquetipo de exclusión de la comunidad humana. Estas prácticas operan como un proyecto ideológico de destrucción social, normalizando la crueldad y persiguiendo el objetivo político de debilitar a la nación palestina”.
Por todo ello la relatora de Naciones Unidas pide a los Estados y a la comunidad internacional actuar de inmediato para detener la destrucción en curso y advierte de que cada demora agrava daños irreversibles y consolida un sistema de crueldad contrario al derecho internacional.
Dirigiéndose a los Estados miembros de Naciones Unidas, en rueda de prensa, Albanese ha recordado que la respuesta de los países “a esta abominación será un examen sobre nuestra responsabilidad jurídica y moral (…) La tortura le hace al individuo lo que el genocidio le hace a un grupo: destruye las condiciones que dan sentido a la vida, despojando a la persona de su dignidad humana, dejando cáscaras vacías donde antes hubo humanidad. El derecho internacional es inequívoco. Y junto a los millones que aún creen en los derechos humanos, les repito: el desprecio por el derecho internacional no se detendrá en Palestina. Ya se extiende desde el Líbano a Irán, por los países del Golfo y en Venezuela. Si no se le pone freno, se extenderá mucho más allá. Lo que se pierda en Palestina, lo perderemos todos”.
Pilar Sarto Fraj
Acción Solidaria Aragonesa