El genocidio continúa.
Parece que la paz haya llegado a Gaza porque ya no se abren los telediarios ni los periódicos con noticias de allí.
Cada día sigue habiendo asesinatos del ejército israelí, además de las dificultades de acceso a la franja de camiones con ayuda humanitaria y por tanto se mantiene el hambre como arma de guerra y la falta de suministros médicos y medios para encarar el invierno. A pesar de la firma del alto el fuego, las tropas israelíes no han dejado de matar civiles palestinos, principalmente aquellos que se acercan a la llamada “línea amarilla”, una posición defensiva a la que se replegaron tras la firma del acuerdo de Trump y desde donde aún controlan el 53% de la Franja; es un nuevo límite que encierra a dos millones de gazatíes en condiciones de vida inhumanas .
Tras el ¿alto el fuego?, lo que queda es devastación. Gaza es ahora una montaña de escombros. La población sigue viviendo en tiendas de campaña en condiciones inhumanas; no tienen acceso a agua potable ni a alimentos y sus hogares, si vuelven, son explanadas de escombros ya que una de las características del ejército israelí es aniquilar todo lo bombardeado. Reconstruir las casas, las infraestructuras sanitarias, la vida que había antes, llevará mucho tiempo.
Llega el invierno y 1,5 millones de habitantes de la Franja necesitan un refugio para protegerse, según la ONU, pero el número de tiendas de campaña, mantas y ropa de abrigo que Israel autoriza es insuficiente. Más de 320.000 casas han sido total o parcialmente destruidas en dos años de bombardeos, el 90% de las viviendas.
Me parece admirable las actuaciones de entidades como UNRWA que siguen apoyando la resistencia, la esperanza:
“El pueblo palestino (6 millones de personas) ha mirado la muerte en todas sus formas: asesinados, bombardeados, muertos de hambre… ha tenido que sobrevivir sin recursos y también han soportado el dolor de ver cómo su pueblo era masacrado y sentir la impotencia de no poder hacer nada ante el genocidio. ¿Nada? ¡Sobrevivir, que no es poco! Y mantener la esperanza a pesar de todo”.
Más de 41.000 niños y niñas han vuelto a las aulas de UNRWA principalmente en la zona central de la Franja y Khan Younis. No son las aulas de antes, el 90% de sus escuelas han sido destruidas o han sufrido daños y las que siguen en pie se han convertido en refugios para las familias desplazadas. En la mayoría de los casos, las ventanas de estas aulas están rotas, no tienen sillas ni mesas, pero son capaces de ofrecer algo mucho más valioso: un espacio seguro, un rincón donde los niños y niñas pueden volver a reír, a jugar, a aprender. 273 espacios de aprendizaje presencial abiertos, 8000 docentes dando clase y ofreciendo apoyo psicosocial de manera presencial y a través de su plataforma online (cuando pueden conectarse son cerca de 300.000 niños y niñas).
En Gaza, las propias víctimas narran su propia masacre, a pesar del silencio informativo que ha supuesto el asesinato de periodistas para evitar que fueran nuestros ojos y nuestros oídos y así ocultar el genocidio. A Gaza se lo han arrebatado todo, excepto su dignidad y su amor a la vida. “Las palestinas y los palestinos se sujetan a cada resquicio de su tierra. Porque esa tierra son ellos y ellas. Aunque sea sujetados por la pura fragilidad de la supervivencia más cruel. Por eso y porque es nuestra misión y mandato, en UNRWA vamos a sostenerlos”.
El alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Türk, desde Ginebra, sostiene que no puede haber una reconciliación duradera entre palestinos e israelíes si no se dice la verdad sobre las “violaciones graves” de los derechos humanos y de las leyes internacionales humanitarias que han ocurrido en los dos años de conflicto y ha defendido la protección de las ONG, que han sido “repetidamente atacadas y debilitadas durante años”, y el acceso pleno y sin restricciones de la ayuda humanitaria, de los observadores de derechos humanos y de los periodistas internacionales.
No podemos olvidar las actuaciones criminales en Cisjordania. Informes de Amnistía Internacional hablan de continuos ataques mortales de colonos israelíes respaldados por el Estado, que subrayan la necesidad urgente de desmantelar el apartheid, los asentamientos ilegales y poner fin a la ocupación por parte de Israel de los Territorios Palestinos. Es una campaña de decenios respaldada por el Estado Israelí para desposeer, desplazar y oprimir a dicha población en la Cisjordania ocupada, incluida Jerusalén Oriental, bajo el sistema israelí de apartheid y propiciando la violencia de los colonos, violando el derecho internacional humanitario, es un crimen de guerra. “Lo que está pasando ahora mismo es el borrado de seres humanos, árboles y piedras, y de todo lo que es palestino, por colonos, con el apoyo del ejército” mientras que las autoridades israelíes continúan con prácticas de confiscación de tierras, demolición de viviendas y prohibición de acceso a tierras de cultivo. “No abordar estas causas fundamentales ni exigir responsabilidades a Israel por sus violaciones del derecho internacional es permitir que continúe la desposesión y la opresión de la población palestina”.
Los miércoles, en Zaragoza, seguimos recordando que no es una guerra, es un genocidio; seguimos gritando que cada niño muerto es un niño nuestro; seguimos leyendo poemas y cantando a la vida, como hacen las madres en Gaza con sus hijos, como hace la UNRWA en sus improvisadas aulas, como hacen los periodistas palestinos arriesgando su vida.
Pilar Sarto Fraj
Acción Solidaria Aragonesa