Nuevas miradas hacia Gaza
Últimamente en los medios de comunicación se está volviendo a hablar de Gaza. Y son varias las voces israelíes que lo están haciendo.
El arquitecto israelí Eyal Weizman, en septiembre, presentó su trabajo sobre la conducta de Israel en Gaza. Es fundador de Forensic Architecture, un grupo pionero en la investigación de crímenes de guerra. Sostiene que la destrucción sistemática de Gaza por parte de Israel responde a una estrategia para hacerla inhabitable y expulsar a los palestinos. “La Convención sobre genocidio prohíbe la destrucción de las condiciones que hacen la vida posible. No se trata de muertes directas, sino de eliminar aquellos elementos, edificios, hospitales, campos de cultivo, necesarios para que la gente pueda sobrevivir”.
Más de 200 cineastas israelíes firmaron una carta en solidaridad con los directores de ‘NAZA’ (Yuval Abraham y Rachel Szor), acusados por Netanyahu de “traicionar a la patria por unos aplausos” y amenazados con quitarles la nacionalidad. La película, premio especial del jurado en el Festival de Venecia, detalla los sistemas militares que permiten al ejército israelí bombardear Gaza de manera masiva. Recoge los testimonios de 24 agentes de inteligencia y soldados israelíes implicados en la ofensiva sobre la matanza sistemática de civiles palestinos. NAZA, es el acrónimo utilizado por la inteligencia israelí para indicar cuántos civiles se prevé que mate cada ataque (daños colaterales). Bajo la condición del anonimato, estos militares detallan el funcionamiento y la letalidad de las herramientas —a veces, impulsadas por inteligencia artificial— con las que han contado para bombardear la Franja en medio de un clima general de venganza. El documental muestra la eficaz e inhumana máquina de muerte del ejército israelí.
Al hablar de las víctimas palestinas, un joven soldado señala: “El objetivo es la cantidad, no la calidad”. También se describe con gran detalle el funcionamiento de una herramienta de IA llamada “Lavender”, con la que el ejército israelí compuso una lista de entre 60.000 y 70.000 dispositivos telefónicos supuestamente vinculados a Hamas. El más pequeño indicio localizado por la IA sirve para ordenar un ataque en el que puede haber numerosas Nazas. Uno de los soldados entrevistados señala que, en un momento álgido del genocidio, el ejército israelí daba por bueno cualquier ataque con un Naza menor a 20. En algunos casos, se llegaron a ordenar ataques con un Naza de 500 civiles.
NAZA, al igual que sucedió con No Other Land, no va a proyectarse en Israel. Los israelíes desde el gobierno, el ejército y los medios de comunicación, no están de acuerdo con que se les cambie su narrativa. Es la nueva jerarquía del crimen, se ejerce presión sobre quienes denuncian el genocidio, incluidos judíos antisionistas.
“No hay inocentes en Gaza”, ese es el discurso de fondo, la deshumanización, tratar como animales a los palestinos. Es el mismo molde que los judíos sufrieron en Europa y ahora aplican a la población palestina, utilizando la memoria del Holocausto para legitimarse.
En una reciente entrevista con Santiago Alba Rico sobre su último libro Gaza y el destino del mundo (Editorial Arpa) comentaba que la transparencia e inmediatez de la información y las imágenes sobre Gaza, generan impotencia y amargura. La violencia contamina al que lo mira y no puede impedirlo y eso supone cubrir al ejecutor respecto de la ciudadanía y un batacazo civilizacional y moral sin precedentes.
“Hay un 90% de la población mundial que está absolutamente en contra del genocidio en Gaza y que, sin embargo, totalmente impotente, ha tenido que contemplar imágenes que han dañado moralmente a la humanidad. Lo han hecho de una manera que no voy a llamar irreparable, pero sí con efectos muy duros”.
En la misma entrevista considera que no podemos renunciar a defender los Derechos Humanos, a la democracia y se niega a caer en el pesimismo, no porque falten motivos sino porque si los palestinos resisten, pese a todo, a no tener nada, hay que aguantar y seguir denunciando el genocidio del que son víctimas. “¿Cómo dejarse llevar por el fatalismo desde Europa cuando los palestinos están todos los días levantando escuelas en una jaima entre los escombros de Gaza; cuando están una y otra vez cambiando los pañales a sus niños, reconstruyendo sus casas, cuidando el olivo que les han quemado?”
El libro también es un acta de acusación a Estados Unidos y a la Unión Europea. “Esas minorías que acaban apoyando un genocidio tienen más medios, más dinero y más recursos. También más recursos de propaganda. No solo se han apoderado de las armas y de la violencia, sino también de las palabras. En esas condiciones, una mayoría desorganizada puede hacer muy poco, salvo sufrir desde lejos el veneno moral de esas imágenes terribles en las que hemos visto a niños muertos, enterrados bajo los escombros, disparados por francotiradores o asesinados en sus camas”.
Santiago valora a los judíos que como Peter Beinart o Marc H. Ellis, levantan su voz y no están dispuestos a que Israel mate en su nombre. “Hay que recordar constantemente esas voces judías y tratar de disolver esa identificación entre el Estado de Israel y el llamado pueblo judío que busca el sionismo para legitimar sus crímenes. El pueblo judío, la cultura judía, la religión judía, no son culpables de los crímenes de Israel”.
Respecto a des-sionizar Israel cree que es difícil porque nace con el sionismo. “La fundación de Israel es indisociable de ese proyecto, que desde el principio es excluyente y supremacista. Pero creo que es la única solución. Ahora mismo vemos muy lejos cualquier solución. La de los dos Estados es imposible. Hay que tener en cuenta que, en realidad, esto es lo que desde el principio se pretendió: hacer imposible la existencia de un Estado palestino. Me irrita muchísimo que se hable constantemente del derecho a la existencia de Israel cuando el único derecho a la existencia que está siendo cuestionado constantemente, incluso desde Europa y desde Estados Unidos, es el derecho a la existencia de Palestina”. La única forma de des-sionizar Israel es que quienes lo han apoyado desde fuera dejen de apoyarlo. “Si Israel es un proyecto europeo, para que deje de ser un proyecto colonial, un proyecto genocida, es Europa la que tiene que dejar de apoyar a Israel”.
Para terminar esta “pensadica” y al inicio del curso escolar, recojo datos de Save the children: Desde 2023, las fuerzas israelíes han devastado el sistema educativo de Gaza, privando a alrededor de 700.000 estudiantes de su derecho a la educación, ya que numerosas escuelas han resultado dañadas o destruidas. En Gaza, existe el riesgo de que surja una “generación perdida”. También en Cisjordania, más de 834.000 estudiantes se enfrentan a obstáculos para acceder a la educación, entre ellos el peligro físico durante sus desplazamientos a la escuela y la amenaza de demolición de los centros educativos.
Los niños y niñas han perdido ya tres años de educación formal y necesitan volver a las aulas, no solo para su desarrollo individual y su futuro, sino también para el futuro de la sociedad palestina. Más del 97 % de los centros educativos han resultado dañados o destruidos, dejando a toda una generación de niños y niñas sin acceso al aprendizaje.
Lo tenemos claro: para los niños y niñas afectados por la guerra, los desastres y los desplazamientos forzosos, la educación puede ser un salvavidas.
Cuando las escuelas y los espacios de aprendizaje vuelven a abrir durante una crisis, a veces en tiendas de campaña o en edificios dañados, se convierten en mucho más que aulas. Lugares donde los niños y niñas están protegidos frente a la explotación, el matrimonio infantil, el trabajo infantil o el reclutamiento por grupos armados. Lugares donde recuperan un poco de la normalidad que les fue arrancada, donde vuelven a ser simplemente niños.Pilar Sarto Fraj
Acción Solidaria Aragonesa